Comprender el daño cerebral adquirido (DCA)

El daño cerebral adquirido (DCA) es una lesión repentina en el cerebro que sobreviene de forma brusca y genera secuelas cuya naturaleza e intensidad dependen del área cerebral afectada y de la gravedad del daño. Estas secuelas pueden provocar alteraciones físicas, cognitivas y emocionales, así como dificultades en la percepción, la comunicación y el desempeño de las actividades cotidianas.

Causas

El ictus es la principal causa del DCA. También pueden originarlo los traumatismos craneoencefálicos, las anoxias cerebrales (falta temporal de oxígeno en el cerebro), los tumores cerebrales y algunas infecciones.

  • Ictus o accidentes cerebrovasculares (ACV). También conocidos como accidentes cerebrovasculares, los ictus son responsables de aproximadamente uno de cada tres casos de daño cerebral adquirido. Se producen por la interrupción o reducción brusca del flujo sanguíneo en una zona del cerebro (isquemia) o por la rotura de un vaso sanguíneo (hemorragia). Como consecuencia de la lesión ocasionada, casi la mitad de las personas que sobreviven a un ictus han de vivir a partir de entonces con una discapacidad grave.

  • Traumatismos craneoencefálicos (TCE). Cuando la lesión cerebral se origina a causa de un golpe en la cabeza, hablamos de traumatismo craneoencefálico. Entre sus causas más frecuentes se encuentran los accidentes de tráfico, laborales y deportivos, además de caídas y agresiones físicas.
  • Anoxia: daño en el cerebro provocado por la falta de oxígeno o riego sanguíneo (ej. tras un paro cardíaco o insuficiencia respiratoria).
  • Tumores cerebrales. El daño puede producirse tanto por la destrucción directa de células cerebrales como por efectos asociados, como inflamación, aumento de presión o edema cerebral. Asimismo, algunas infecciones y episodios de anoxia también pueden causar DCA.
  • Infecciones. Afecciones en el tejido cerebral causadas por virus o bacterias (ej. encefalitis o meningitis).

Independientemente de su origen, el daño cerebral adquirido presenta una gran diversidad de secuelas que varían según cada persona, la intensidad y duración de la lesión y el tiempo transcurrido hasta recibir atención especializada.

Fases

Fases de evolución del daño cerebral adquirido

La evolución clínica y funcional de una persona con DCA suele responder a diferentes etapas asistenciales y de rehabilitación. Aunque la duración y evolución varían en cada caso, el proceso se estructura por lo general en cuatro fases principales:

  • Fase crítica o inicial
     Corresponde al momento inmediatamente posterior a la lesión cerebral. La intervención se centra en preservar la vida de la persona, estabilizar sus funciones vitales y prevenir complicaciones que puedan agravar su estado de salud.
  • Fase aguda
     
    Tiene lugar principalmente en el entorno hospitalario, en unidades de ictus especializadas o de cuidados intensivos. En esta etapa se trata de controlar la evolución de la lesión y de minimizar el impacto del daño cerebral, además de asegurar la estabilidad clínica del paciente.
  • Fase subaguda o de neurorrehabilitación
     
    Comienza una vez alcanzada la estabilidad médica. Es la etapa en la que la rehabilitación suele alcanzar mayor intensidad, con el propósito de recuperar el máximo nivel posible de autonomía y funcionalidad.
  • Fase crónica o de adaptación e inclusión
     
    Suele iniciarse cuando se consigue el mantenimiento de los logros alcanzados y de adaptación a la vida cotidiana. El objetivo es favorecer la autonomía personal, el mayor grado de participación social y, en los casos que sea posible, la reincorporación al entorno educativo o laboral.

Secuelas

Las consecuencias o secuelas del daño cerebral adquirido dependen principalmente de la zona del cerebro lesionada y de la gravedad de la lesión, y son muy heterogéneas. Pueden agruparse en varias áreas principales:

  • Conciencia y nivel de alerta
     
    Entre 3 y 4 de cada 10 personas con DCA han pasado por pérdida de conciencia o coma. El coma es un estado de inconsciencia sin respuesta al entorno. Si se prolonga, puede evolucionar a un estado de vigilia sin respuesta (antes llamado estado vegetativo), en el que existen ciclos de sueño-vigilia pero sin interacción voluntaria. En algunos casos aparece el estado de mínima conciencia, en el que sí existen respuestas intencionales limitadas. Es estado prolongado de vigilia sin respuesta reduce significativamente las posibilidades de recuperación.
  • Control motor y funciones físicas
     
    Son frecuentes las hemiplejías (parálisis de la mitad del cuerpo) y las hemiparesias (pérdida de fuerza y destreza de la mitad del cuerpo), con afectación del lado contrario a la lesión cerebral. También puede aparecer espasticidad, con rigidez muscular y posturas anómalas. Entre las alteraciones neurológicas destacan los trastornos en la deglución o disfagia.  La dificultad al tragar alimentos, ya sean líquidos o sólidos, podría impedir la nutrición adecuada y el aumento del riesgo de atragantamiento; entre otras complicaciones. En los casos más graves se debe recurrir a vías alternativas de alimentación, como sondas nasográstricas y gastrostomías. También pueden darse trastornos en el control de esfínteres y secuelas como la fatiga persistente (manifestación física de un problema cognitivo), que limita de forma importante la realización de actividades.
  • Alteraciones sensoriales y perceptivas
     
    El DCA puede afectar a la visión (pérdida o visión doble), audición, olfato, gusto y tacto, así como al equilibrio y la propiocepción (capacidad de percibir la posición y el movimiento del propio cuerpo en el espacio). Estas alteraciones dificultan la orientación y el desplazamiento seguro, reducen la autonomía e incrementan el riesgo de accidentes.
  • Cognición
     
    La cognición nos permite analizar lo que nos rodea, aprender, reflexionar y tomar decisiones basadas en un razonamiento. Afectan a la cognición las alteraciones de memoria, atención, orientación, funciones ejecutivas y razonamiento. Es frecuente la amnesia postraumática y la desorientación. También puede aparecer falta de conciencia de las propias dificultades (anosognosia), lo que incrementa la vulnerabilidad en la vida diaria. Estas secuelas podrían pasar desapercibidas, forman parte del llamado daño cerebral “invisible”.
  • Comunicación
     
    Pueden aparecer afasias (dificultades de expresión del lenguaje o comprensión), disartria (alteración de la articulación del habla), dificultades de lectura y escritura, así como disfonía u otros problemas en la comunicación.
  • Emociones, conducta y personalidad
     Son frecuentes los cambios conductuales y emocionales, entre ellos irritabilidad, agresividad, apatía, desinhibición, labilidad emocional, conductas sexuales inapropiadas o egocentrismo. También pueden aparecer depresión y ansiedad. La literatura científica evidencia dificultades en el control de impulsos que pueden manifestarse tanto la frecuencia de este tipo de alteraciones como la complejidad y multidimensionalidad de las mismas. Estas alteraciones pueden afectar de forma significativa a la convivencia social y familiar.
  • Actividades de la vida diaria
     El DCA puede comprometer tanto las actividades básicas cotidianas (aseo, vestido, alimentación, movilidad…) como las instrumentales (uso del transporte, gestión económica, compras o trabajo), generando distintos niveles de dependencia.

En conjunto, estas secuelas reflejan la complejidad del DCA y la necesidad de abordajes rehabilitadores multidisciplinares centrados en la recuperación funcional y la autonomía personal y de una atención sostenida en el tiempo.

Tras un daño cerebral realizar las tareas más sencillas puede suponer un gran esfuerzo. Comienza una etapa de adaptación en la que se presentan nuevos retos, nuevas necesidades y son necesarias nuevas formas de organizarse. Cada experiencia es única, pero todas comparten algo en común: la recuperación y el bienestar se construyen con rehabilitación, acompañamiento y respuestas ajustadas a cada momento.